El pasado 17 de diciembre el jurado compuesto por representantes de las AMPAS de los tres colegios colaboradores y de la Asociación de Vecinos Parque Goya determinaron los dos ganadores de esta edición. En esta ocasión la participación ha sido muy alta con cerca de doscientos dibujos entregados. El acto de entrega tuvo lugar el día 28 de diciembre, justo antes de comenzar la primera tarde festiva de la Navigoya 2009. Los premiados son los siguientes:

1º PREMIO

Andrea Díaz Giménez (4º Educación Primaria Colegio Parque Goya)

 

2º PREMIO

Hugo Falo Soro  (3ª Educación Infantil Colegio Parque Goya)

Lunes 28 de diciembre

Las fiestas de la Navigoya 2009 comenzaron fuerte, con la celebración de una tarde festiva en el gimnasio del Colegio Parque Goya. En primer lugar se hizo entrega de los premiados del III Concurso de la Mascota Navigoya 2009. El segundo premio lo recogió el joven autor de cinco años, Hugo Falo, que plasmó un curioso dibujo el cual encandiló al jurado, bautizado con el nombre de AGUAS. Su premio fue un juego de pinturas de la película Piratas del Caribe. El primer premio, que representa la mascota oficial de la Navigoya 2009, fue para Andrea Díez, de nueve años de edad, cuyo dibujo representa una bola de Navidad muy elaborada, y disfrazada con tintes navideños. Su nombre, BOLITA. Ella se llevó una minicadena musical.

A medida que avanzaba la tarde el gimnasio se iba completando prácticamente su aforo. Sin duda una de las tardes más populosas con cerca cuatrocientas personas entre niños y mayores. A continuación comenzaron los juegos organizados por voluntarios de la asociación. En primer lugar un gran círculo de niños participó en un juego similar al de las sillas, pero con gorros. Su funcionamiento muy sencillo. Mientras sonaban los villancicos se pasaban los gorros, y cuando paraba la música el que lo llevase quedaba eliminado. Participaron buena parte de los niños, desde los más pequeños hasta algunos mayores.

Después hubo una serie de carreras por mangas, en las que los jóvenes participantes agrupados por parejas tenían llevar entre la cabeza una pelota, y hacer un largo en el gimnasio. Todos se lo pasaron en grande, y para terminar tuvo lugar una final entre los mejores.

En la fiesta no faltó tampoco Peter Pan, una princesita, y también Minnie, los cuales acompañaron a los niños en todo momento. El tercer juego era bien sencillo, pero en él participaron tanto niños como papás. Cinco globos gigantes fueron soltados y el obtetivo era que no tocasen el suelo, y así pasó. Todos se lo pasaron bomba lanzándolos. El divertimento fue acabándose a medida que fueron explotando.

La segunda parte de la fiesta fue la más animada. La primera discomóvil infantil de Parque Goya fue todo un éxito, y seguro que se repite en años venideros. Nuestro disjockey de la asociación, Jesús, se encargó de montar una discomóvil con vídeo. Las luces se apagaron, y al ritmo de la conocida canción de «Que empieze ya, que público se va…» comenzó la música. Canciones de Cantajuegos, Miliki y Fofito, Los Lunnis, etc. Sin embargo el triunfador de la tarde fue Bob Esponja, que hizo cantar y vibrar a  niños y papás. La sesión terminó con «Vamos a la cama, que hay que descansar…»

En fin, que todos pasaron una buena tarde festiva, con muy buen ambiente y entretenidos entre juegos y bailes. El objetivo de los organizadores estaba cumplido.

Miércoles 30 de diciembre

La segunda jornada de esta Navigoya fue un auténtico éxito. El lugar elegido era el colegio de Educación Especial Jean Piaget, otro de los espacios utilizados por los vecinos debido a la carencia de lugares adecuados en el barrio (un centro cívico, por ejemplo). Y la organización fue a cargo de la Asociación de Vecinos Parque Goya, con lo que queremos recordar que el ayuntamiento en nuestro barrio no organiza ningún acto ni cultural ni festivo. La afluencia fue masiva desde el comienzo, alcanzando las trescientas personas, lo cual llegó a saturar las instalaciones en algunos momentos. Ello sin embargo no impidió que todos los niños y niñas pudieran participar de la fiesta. La primera parte de la tarde festiva que nos brindaba Almozandia fue Gotas de Magia, un show en el que se mezclaba con gran maestría la magia, los cuentos, la fantasía y el humor.

Durante una hora todos los niños, y algunos papás que abarrotaban la sala de usos múltiples del colegio disfrutaron de lo lindo, con trucos sencillos que gustaron mucho a todos. El protagonista de la historia era el agua y su entorno: peces, lluvia, agua, lavadora, paragüas, nieve y sobre las gotas de magia. No faltaron las intervenciones de dos padres que colaboraron con la maga y su patoso ayudante en algunos trucos.

Tampoco la lluvia faltó, sin mojar a nadie, ya que estaba formada por gotas de papeles. Además su cuidada escenografía dotaba a la actuación de un ambiente mágico y especial. En nuestro barrio ya nos estábamos acostumbrado a tener artistas relevantes, como es el caso de este grupo que nos acompaña todas las navidades.

Tras una hora de espectáculo el público se fue trasladando a otra sala donde el mismo grupo tenía instalado un decorado que ambientaba un salón de una casa con chimenea, donde estaba situada la tronca.

Durante unos diez minutos se representaba una explicación esta tradición ancestral de la navidad aragonesa. Para la Nochebuena se guardaba el tronco más grande, y que estuviera hueco en su interior. Este se comenzaba a quemar, y durante la noche los niños eran los encargados de darles los trucos, tras decir el ritual.

Güen Tizón, güen Barón, güena toza, güena mesa,

Güena casa, güena brasa, güena longaniza grasa,

que Dios bendiga al amo y al ama de esta casa.

Caga tronca, caga.

Tras golpear con fuerza, a la vez que saltaban chispas del fuego, salían del interior los regalos que se repartían esa noche mágica. Se trataba de una fiesta familiar y mágica durante el solsticio de invierno. Precisamente esta es la tradición que se representa durante la actuación, en la que todos los niños se colocan encima de la tronca, y con sus golpes demostrando su fuerza, hacen que la tronca cague los caramelos tan ansiados como recompensa.

Domingo 3 de enero

Ganas de fiesta es lo que tenemos en nuestro barrio. El domingo 3 de enero los Reyes Magos visitaban nuestro barrio por cuarto año consecutivo. Las prediciones meteorológicas no podían ser más negativas. Justamente se preveía la lluvia para la tarde, en el momento de la cabalgata, y así se cumplió. Comenzó a llover dos horas antes del arranque. Sin embargo la Asociación de Vecinos de Parque Goya, y todo el equipo de colaboradores que este año era muy numeroso, no estaban dispuestos a echar por tierra el trabajo invertido y había que salir a la calle como fuera. Pero lo mejor fue el apoyo de los vecinos, empujados por la ilusión de los niños, que hizo que la calle se llenase. Sí, se llenase. La asistencia al acto fue de unas quinientas personas. Más o menos la mitad que en años anteriores. Las ganas podían más que la lluvia que inundaba la calle de paragüas, pero allí estaban los reyes y todos los participantes de la cabalgata, a los cuales no les importaba mojarse, y lo que querían era participar en la Cabalgata de Reyes de Parque Goya, que comenzaba a convertirse en un referente dentro de la cabalgatas de los barrios de Zaragoza, a pesar de que los medios de comunicación no se hiciesen demasiado eco de ello. Sin embargo sí que recibía numerosas visitas de gente de otros barrios, que año tras año repetía. ¿ Por algo será, no ?

Este año el desfile estaban formado por dos carrozas principales, y la animación de calle a cargo del grupo Artea Teatro, por cinco autos locos, que dieron el toque divertido y animado. Una cabalgata mucho más completa que otros años, y que se presentaba mucho más elaborada y mucho más vistosa. A las cinco comenzó el recorrido desde el recreo del colegio Agustina de Aragón. A las puertas, estaban ya los niños ilusionados con el espectáculo que iban a presenciar, y esperando ver a los protagonistas de la fiesta, sus majestades. Poco parecía importarles la lluvia. La fiesta fue inundando las calles de Parque Goya y la música todos los rincones, salpicada por el toque continuado del claxon de los autos locos, y por los cohetes que fueron marcando desde el cielo nuestro recorrido con su estruendo. Estos no consiguieron deshacer las nubes, pero si atenuar la lluvia, con lo que poco a poco fue dejando de caer.

El desfile estaba como de costumbre escoltado por dos vehículos de apoyo de la policía local. El primer vehículo este año llevaba a los pajes reales, que debido a la lluvia se trasladaron a cubierto, y se encargaron de ir tirando caramelos durante el recorrido. ¡Y allá van de nuevo…! Con este grito comenzaba la carrera de los autos locos por las calles de Parque Goya. El primero de ellos el Compact Pussycat, un sidecar conducido por Penélope Glamour, una damisela en apuros. Un vehículo femenino de color rosa con accesorios maquilladores. La arma utilizada para desbancar a sus competidores era la espuma de champú.

A continuación Pierre No Doy Ni Una en su Super Ferrari, acompañado de Patán, en forma de peluche. Se trataba de un coche a reacción, con cientos de armas ocultas. Intentaba perjudicar lo máximo posible a sus competidores, con el único propósito de asegurarse la victoria. Durante el recorrido realizó numerosas piruetas, invadiendo todos los rincones de las calles por donde circuló.

El tercer vehículo era el Rocomóvil, conducido por los Hermanos Macana (Piedro y Roco). Se trataba de dos trogloditas que con sus porras intimidaban tanto a sus competidores, como a los viandantes. Nada más salir del colegio arrancaron los aplausos del público al caerse de bruces tras volcar su rudimentario vehículo.

El más aparatoso de todos los autos es el Auto-Super Convertible, conducido por el profesor Locovitch, un científico loco. Su coche, que en principio tenía forma de barco con ruedas, y era capaz de transformarse en casi en cualquier cosa. Locovitch solía ayudar con sus innumerables inventos a los demás corredores a pasar por diversos obstáculos e impedimentos, aunque también los usaba, a su vez, para atacar a sus rivales.

Entre todos ellos, el más pequeño, pero el que más impactó a todos. El Stuka Rakuda, conducido por el Barón Hans Fritz, un as de la aviación. Es un híbrido de coche y avión, que debido a la antigüedad del auto hacía que el Barón perdiese el control de su automóvil en diversas ocasiones. Con su conducción alocada se avalanzaba sobre el público, lo dejaba tirado para intimidar a los espectadores, e incluso se llevó a algún pequeño a dar una vuelta.

En la cabalgata también participó otro vehículo más, un barco acompañado por cuatro tripulantes, que se convirtió en otro vehículo loco, que incluso surcó las aguas de las aceras, y cuyo rumbo era constantemente cambiante. Sus integrantes iban animando a la gente a su paso.

Cerrando el desfile las dos carrozas. La primera de ellas era una furgoneta que adornada por figuras de dibujos animados variados y bien conocidos. Les acompañaba un panel con los dibujos de los ganadores del concurso de la mascota de esta Navigoya, así como la carta real de tamaño gigante.

Y para finalizar la carroza real, cerrando la comitiva. Los reyes iban saludando a sus ídolos infantiles, y a la vez que tiraban confetti proporcionando un toque festivo a sus paso.

Atravesando el paso subterráneo hubo que hacer un esfuerzo con los autos, con sus ruidosos motores, y también aquellos que había que impulsarlos de manera manual. Ya en la avenida todo fue más rápido ya que solamente se podía ocupar un carril. Se llegó a las seis pasadas al final del recorrido, en la entrada del colegio Parque Goya. Allí la gente fue cogiendo puesto en la cola de acceso al gimnasio. Mientras los reyes comenzaron su tradicional desfile de antorchas, ya en medio de la noche de camino a sus aposentos, donde descansaron unos minutos. El gimnasio se llenó por completo, y con una caluroso aplauso sus majestades ocuparon sus puestos en el escenario. Entonces llegó la hora de la lectura de la carta real, con la cual los vecinos solicitaban las infraestructuras y servicios que el barrio necesitaba. Todos los años pedíamos lo mismo, y hasta la fecha no llegaba ningún regalo. Esperamos que este año los reyes no nos trajeran carbón como en años anteriores. Nos habíamos portado bien, con lo que menos que un regalito.

Después fueron pasando todos los niños y niñas por el escenario elegiendo el rey que más les gustaba. Sentarse sobre sus majestades, charlar con reyes y pajes, entregarles su carta y recibir unos caramelos con las manos enfundadas en guantes ¡Vaya ilusión!. Y mientras los padres haciendo fotos, y esperando la conversación posterior ¿Qué te ha dicho el rey?. Todo un momento mágico para padres e hijos. ¿ Cómo no íbamos a realizar el esfuerzo que supone organizar un evento de estas características en el barrio ? Todos estos emotivos sentimientos son la recompensa al trabajo llevado a cabo durante varios meses para que todo saliera correctamente, sin ningún altercado, y como de costumbre disfrutando todos, tanto público como participantes en la cabalgata.